Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 24 marzo, 2011

Fundación Vicente Ferrer

http://www.fundacionvicenteferrer.org/es/actua/de-mujer-a-mujer?gclid=CNjv-Y3b5qcCFY8ifAodxwsbcQ

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Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 24 marzo, 2011

Vicente Ferrer

Vicente Ferrer Moncho (Barcelona, 9 de abril de 1920Anantapur, India, 19 de junio de 2009) fue un filántropo español, considerado una de las personas más activas en la ayuda, solidaridad y cooperación con los desfavorecidos del tercer mundo. Ha desarrollado su actividad principalmente en la India, donde llegó en 1952 como misionero jesuita.

 

En 1970 abandonó la Compañía de Jesús y unos meses más tarde se casó con la periodista inglesa Anne Perry. Juntos fundaron la organización Rural Development Trust (RDT, Fondo de Desarrollo Rural). Desde el principio de su labor despertó grandes simpatías entre los campesinos indios, pero no entre las clases dirigentes, económicas y políticas, que veían en su labor una amenaza. Sin embargo pudo seguir adelante con sus proyectos gracias al apoyo de Indira Gandhi, que siempre reconoció su labor.

Desde 1996 cuenta con su propia fundación, la Fundación Vicente Ferrer, a través de la cual organiza toda su actividad, centrada en los “outcast” (descastados) y en las aldeas tribales del distrito indio de Anantapur, al que dedicó más de 40 años de su vida. Su trabajo de canalización y gestión rindió fruto: tres hospitales generales, uno de VIH, un centro de control natal, 14 clínicas rurales, 1.696 escuelas, unas 30.000 viviendas y unos 2,7 millones de árboles plantados, entre los proyectos más representativos. Su trabajo y el de las personas que lo han ayudado ha cambiado para bien la vida de dos millones y medio de personas.

El 20 de marzo de 2009 fue ingresado de urgencia en el hospital de Anantapur, región del estado indio de Andhra Pradesh, tras sufrir un accidente vascular cerebral.

Falleció a las 04:30 horas del 19 de junio de 2009, a los 89 años de edad, debido a complicaciones respiratorias.

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 22 marzo, 2011

¿Qué es un misionero?

Un misionero es un cristiano que desea salir de su lugar de residencia con el fin de ayudar al prójimo y evangelizar a la gente de otros sitios. Normalmente eran monjes encargados de adentrarse en territorios fuera del control de su religión y fundar asentamientos denominados misiones. Hoy en día se trata tanto de religiosos como de laicos, que realizan una verdadera labor de ayuda social hacia los más pobres.

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 17 marzo, 2011

Mª Teresa de Calcuta

“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas” .

Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija. En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada.

Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpétua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría.

El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. Ven y sé mi luz”, Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres.

Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas.

El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.

Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitò solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos. En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi como un“pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu.

Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”.

Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior. La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres.

Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas. El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente). Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios.

Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa.



Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 17 marzo, 2011

Santa Luisa de Marillac

Santa Luisa nació el 12 de agosto del año 1591. Era hija de una familia noble. Huérfana de madre muy pronto, su padre le proporcionó una formación extraordinaria en todas las ramas del saber. Era también sumamente piadosa y ejemplar.

A los quince años quiso entrar en un convento de capuchinas, pero la disuadieron por su delicada salud. Muere entonces su padre, y a instancias de sus parientes se casó con el señor Le Gras. Se lee en el proceso de beatificación: “Fue un dechado de esposa cristiana. Con su bondad y dulzura logró ablandar a su marido, que era de carácter poco llevadero, dando el ejemplo de un matrimonio ideal en que todo era común, hasta la oración”.

Tuvieron un hijo al que Luisa le tenía un amor sin límites. Esta experiencia maternal le serviría mucho para la futura fundación. Quedó viuda a los treinta y cuatro años. El señor Le Gras murió santamente en sus brazos. Desde entonces decidió entregarse totalmente a Dios y a las buenas obras.

Francia estaba enredada en guerras de religión en el siglo XVI. Pero en el XVII surge con fuerza una pléyade de santos, que realizan una gran tarea: Francisco de Sales, Juana Francisca, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac.

Francisco de Sales era el director espiritual de Luisa, que la encaminó a Vicente de Paúl. Vicente había empezado ya sus ingentes obras de misericordia, como las Caridades, asociaciones al servicio de los pobres. Luisa pondrá en ellas el toque maternal y femenino, todo su corazón. Recorría los pueblos, reanimaba las cofradías, visitaba a los enfermos y todo quedaba renovado.

Hacían falta más brazos para atender a tantas necesidades. La miseria imperaba en ciertas regiones, donde, según informe al Parlamento “los aldeanos se ven obligados a pacer la hierba a manera de las bestias”.

Vicente y Luisa no descansan. Amplían su radio de acción. Otras muchas jóvenes se unen a Luisa para atender a tantos necesitados. Después de un tiempo de noviciado, Luisa y sus compañeras pronuncian sus votos, en la fiesta de la Anunciación de 1634, fecha en que luego renovarán sus votos en todo el mundo las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

A partir de entonces la bola de nieve se convierte en alud arrollador. Se multiplican las obras en favor de “sus señores los pobres”, como gustan llamarlos: Visitas a hospitales, acogida de niños expósitos, atención a las regiones en guerra, etc. Se extienden a Flandes y Polonia, y luego a todo el mundo. Asilos para pobres. Establecimientos para locos y enfermos mentales. No hay dolencia sin remedio para Luisa y sus compañeras.

A principos de 1655 quedaba canónicamente erigida la Congregación de las Hijas de la Caridad. San Vicente les leyó las Reglas y les dijo: “De hoy en adelante, llevaréis el nombre de Hijas de la Caridad. Conservad este título, que es el más hermoso que podéis tener”. Contrariamente a lo que ha ocurrido a otras comunidades, también nacidas para atender a los pobres, las Hijas de la Caridad han permanecido fieles a su carisma.

La actividad desarrollada por Santa Luisa era sobrehumana, a pesar de su débil constitución. Cayó agotada en el surco del trabajo el 15 de marzo de 1660. Vicente, también enfermo, no pudo acompañarla a la hora de la muerte. Le envió este recado: “Usted va delante, pronto la volveré a ver en el cielo”. Vicente, cargado de buenas obras, no tardaría en acompañarla.

Los venerables restos de Santa Luisa de Marillac reposan en París, en la casa madre de la Congregación, en la misma capilla de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a Santa Catalina Labouré.

Cuando su cuerpo fue exhumado en 1712 por el Arzobispo de París, dos obispos, dos promotores de la fe, un doctor, un cirujano y un número de sacerdotes de su orden, todos ellos quedaron asombrados al ver que su cuerpo, que debía estar descompuesto tras 52 años de sepultura, parecía recién enterrado. “Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se depositó. Solamente en los ojos y nariz se veía algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes […]” Y así continúa a día de hoy, aunque con un leve tratamiento de cera en la cara para ocultar pequeñas imperfecciones.

Las Hijas de la Caridad fueron fundadas por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac en París en el año 1633. Durante los siglos XVII y XVIII desarrollaron su labor solidaria en Francia y Polonia. Hacia 1790 se establecieron en España y en el siglo XIX se extendieron por toda Europa y América Latina, además de América del Norte, Asia, África y Oceanía. En la actualidad la congregación está presente en 93 países de África, América del Sur,Asia yEuropa. El número de hermanas es de 23.045 distribuidas en 2.567 comunidades y 78 provincias canónicas.


El espíritu de las Hijas de la Caridad se fundamenta en la práctica de las virtudes de humildad, sencillez y caridad. En países como India, Libia, Angola, Bolivia, Camerún, Congo, Ghana, Ruanda o Haití, las hermanas se ocupan de la enseñanza de niños y jóvenes y atienden comedores escolares, centros para madres y niños lactantes y sanatorios para enfermos de sida, lepra y tuberculosis. Su labor está siendo fundamental en la reconstrucción de los países afectados por las últimas catástrofes naturales y en los cada vez más numerosos campos de refugiados de todo el mundo.

La obra de las Hijas de la Caridad se extiende también al mundo desarrollado. Están al servicio de los necesitados en hospitales, escuelas, casas de atención pastoral, hogares infantiles y de mujeres maltratadas, residencias de ancianos, albergues para mendigos, pisos tutelados, talleres ocupacionales y centros de rehabilitación.

Las Hijas de la Caridad recibieron el premio “Príncipe de Asturias de la Concordia 2005”, otorgado por la familia real española.

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 10 marzo, 2011

San Vicente de Paul.

San Vicente de Paúl fue un sacerdote francés.

Es una de las figuras más representativas del catolicismo en la Francia del siglo XVII. Fue fundador de la Congregación de la Misión, también llamada de Misioneros Paúles, Lazaristas o Vicentinos (1625) y, junto a Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad (1633). Fue nombrado Limosnero Real por Luis XIII, función en la cual abogó por mejoras en las condiciones de los campesinos y aldeanos.

Realizó una gran labor caritativa, sobre todo tras la guerra de la Fronda, una de cuyas consecuencias fue el incremento de menesterosos en su país.

Una de sus frases más representativas es “los pobres son nuestros amos y señores”.

Su festividad se celebra el 27 de septiembre. Es patrón de todas las asociaciones de Caridad.

Nacido de Juan de Paúl y de Beltranda de Moras, originarios de Tamarite de Litera. No se sabe con seguridad su lugar de nacimiento, que está discutido entre Pouy y Tamarite de Litera. Abelly dio como fecha de nacimiento el 1576, pero la biografia actual acepta la fecha de 1581, que no fue propuesta hasta 1920-1925 por Pedro Coste en París.

Según la teoria de Pouy, Vicente de Paúl nació en una pequeña casa rural en las afueras de la aldea de Pouy, a unos cinco kilómetros de la ciudad de Dax, en el departamento de las Landas, situado al suroeste de Francia. En el lugar de su nacimiento, conocido hoy como Berceau de Saint Vincent de Paul, se levanta una modesta construcción de ladrillo y vigas de madera muy parecida a la casa en que nació Vicente en abril de 1580 ó 1581 (el año exacto no es seguro). No existe registro de su nacimiento ya que la inscripción de partidas no se inició hasta 1648.

Era el tercero de seis hermanos. La modesta condición de la familia hizo que muy pronto el niño Vicente tuviera que contribuir con su trabajo de pastor de ovejas y de cerdos a la economía familiar. Pronto también dio muestras de una inteligencia despierta, lo que llevó a su padre a pensar que podía hacer una carrera eclesiástica. Cursó estudios primarios y secundarios en Dax, y posteriormente filosofía y teología en Toulouse durante siete años. Estudió también en Zaragoza. Se ordenó sacerdote muy joven, a los veinte años, con la intención de ser párroco de inmediato y así poder ayudar a su familia.

Una serie de peripecias no muy bien conocidas dio con él a los treinta años en París, donde encontró inicialmente algunas pequeñas ocupaciones sacerdotales, hasta que por recomendación de un prestigioso amigo sacerdote, Pedro de Berulle, posteriormente cardenal, entró en 1613 en la importante casa de los señores de Gondi como preceptor de los niños y posteriormente director espiritual de la señora.

Los viajes por las tierras de los Gondi llevaron a Vicente a un conocimiento de primera mano de las lastimosas condiciones de vida materiales y espirituales de la población campesina, y también del clero parroquial que les atendía con serias deficiencias. Esta experiencia y su propia evolución espiritual, cuyos perfiles exactos nos son poco conocidos, le llevaron a un decisión irrevocable de dedicar su vida sacerdotal, no a la promoción social de su familia o a la suya propia, cual había sido el caso hasta entonces, sino a la evangelización y redención de la población campesina y a la formación de sus sacerdotes.

A partir de esa decisión la vida de Vicente mantiene hasta su muerte a los ochenta años, en 1660, una línea constante de dedicación a la redención espiritual y material de los pobres.

Su visión, limitada en sus comienzos a la población campesina, se fue ensanchando progresivamente hasta incluir condenados a galeras, enfermos pobres, niños abandonados, soldados heridos, esclavos, ancianos desamparados, mendigos, refugiados de guerra o nativos paganos de Madagascar. Movilizó para ello a sacerdotes, a hombres y mujeres de la nobleza, de la burguesía y del pueblo llano, a jóvenes campesinas (Hijas de la Caridad); a todos ellos intentó contagiar con su propia visión del Evangelio y su experiencia cristiana, basada en las palabras mismas de Jesucristo en el Evangelio de san Lucas: “El Señor me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos”

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 3 febrero, 2011

28 Enero 1885

28 Enero, 1885

Hoy, a las diez de la mañana, han venido por nosotros el señor gobernador con su comitiva y los Reverendos Padres y Hermanos, que como llevo dicho desembarcaron ayer y juntos hemos llegamos al muelle.

El pueblo en masa nos aguardaba y no pocos negros, venidos de esos contornos, atraídos por la curiosidad, boquiabiertos y estupefactos nos miraban con unos ojazos tan expresivos, que nos dejaban, no menos admiradas, a nosotras de la buena impresión que les estábamos produciendo, reflejada en su semblante. De pronto, como movidos por un común resorte, han exteriorizado su contento con un aplauso fenomenal, ensordecedor, y al ponernos en marcha, atentos y respetuosos, nos han ido cediendo el paso, mientras un grupo de niñas y mujeres instruidas por los Padres en este año que llevan de Misión, han entonado el `Viva María, viva el Rosario…´, que todos sabemos, luego un Avemaría y el Bendita sea tu pureza, y así cantando unos, aplaudiendo otros y dando entusiastas vivas a todo lo santo y bueno que conocen ya, hemos subido la cuesta alfombrada de hierba, hasta llegar a la Iglesia. Entrados en ella, los Misioneros han cantado el Tedeum, con acompañamiento de armonium, después el Superior Rdo. Padre Ramírez, conmovido y entusiasmado a la vez, nos ha dirigido la palabra, estando elocuentísimo y oportuno en el discurso, dirigiéndose preferentemente al señor Gobernador, dándole asimismo la bienvenida, como representante de Su Majestad.

Terminado el acto religioso, la manifestación ha seguido hasta la Casa del Gobierno para la recepción oficial de dicha Autoridad. El Excmo. señor Montes pensaba retenernos consigo hasta acomodarnos debidamente, pero, enterado de que los padres Misioneros nos habían preparado residencia independiente, se alegró mucho, prometiendo visitarnos a fin de procurar lo necesario, para que lo antes posible podamos abrir las clases.

Al mediodía nos han mandado la comida y, antes que nada, al quedarnos solitas en nuestro desmantelado palacio, que así es el lado de las míseras viviendas que nos rodean, entonamos una vez más el Nisi qui Dominus erat in nobis… Sí, a no haber estado el Señor con nosotras, nos hubiéramos infaliblemente sumergido en las aguas, entonces que se inflamó su furor contra nosotras. ’’

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 3 febrero, 2011

27 Enero, 1885

27 Enero, 1885

Llegada a Fernando Póo. ¡Alleluya!, ¡Alleluya! ¿Será sueño o realidad? Llegamos ya al puerto deseado, después de tres meses y tres días de nuestra salida de Barcelona. El enemigo queda vencido. “Benedictus Dóminus qui non dedit nos in captionen déntibus eorum´´.

Los primeros en saludarnos han sido los Padres Misioneros, residentes en ésta que nos esperaban impacientes. ¡Cuánto han sufrido viendo cómo se prolongaba nuestro viaje! Después de cumplimentar al señor Gobernador, don José Montes de Oca, éste y los diez y seis Misioneros han desembarcado, dejando para mañana nuestra entrada oficial. Como siempre el bondadosísimo P. Juanola y un Hermano, por caridad a estas pobres Misioneras, se han quedado para que mañana no nos falte la Misa y Comunión. Que Dios se lo pague. Quieren hacer lo más replicada posible nuestra presentación al pueblo, a fin de llamar la atención de estas gentes para que no se muestren reacios con los enviados del Señor y se dejen instruir.

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 27 enero, 2011

26 de Enero de 1885

26 Enero, 1885

¡Vamos, que es digno de mención el caso! Nos hallamos nuevamente anclados en alta mar. Nuevo rugido de la fiera, que de un empellón nos ha echado muy lejos de la tierra prometida.
Había que ver lo majos y hasta elegantes que para el desembarque todos se habían puesto, y nosotras, que no queríamos desdecir en este punto, pareciendo unas pobres monjitas, rancias y desaliñadas, nos habíamos cepillado muy bien los santos hábitos y con las nuevas tocas, estábamos la mar de decentitas, rebosando contento y alegría; pero, cuando creíamos poder pisar a las poca horas tierra fernandina, cambia repentinamente la dirección del viento, se levantan imponentes las olas, zarandeando de lo lindo nuestro pobre velero, y como si un soplo infernal empujara la proa, en poco rato, hemos perdido de vista la tan suspirada isla; pero esta vez hemos permanecido tranquilas, serenas, con la más completa confianza de llegar sanas y salvas a nuestro destino; bien convencidas de que al ver Satanás que, a pesar de sus amenazas, no conseguía impedir nuestro arribo donde tiene asentados sus reales, en su rabioso despecho, trataba de fastidiarnos, ya que no podía otra cosa. Si hubiese tenido bastante poder, con qué énfasis nos hubiera dicho aquello del Señor a Moisés: `La visteis, pero no entraréis en ella.’ Mas no; contra todos sus maleficios, con la ayuda de Dios que vuelve por nosotros, pensamos ganar, esta noche, lo perdido.
Todos comentan el lance y la animación y entusiasmo crece a cada nueva victoria. Van a levantar anclas pues el tiempo está espléndido. Sosegado ya el mar, sus olas se acercan tímidamente, como avergonzadas de su rebeldía. Suave brisa vespertina refresca nuestras frentes. El cielo sereno y tachonado de estrellas convida a pasar la noche en vela, meditando y contemplando cómo nuestra pobre “Ferrolana” adelanta veloz, cual ligera gaviota que apenas roza la ondulada superficie. ¡Oh!, sí, mañana a estas horas estaremos ya en la capital fernandiana, en Santa Isabel.

Posteado por: concepcionistasinmaculadas | 27 enero, 2011

25 de Enero de 1885

25 Enero, 1885

¡La isla! ! ¡La isla!, han pregonado a todo pulmón alborozados los marinos hoy de buena mañana. ¡Qué alegre despertar el nuestro! Ya han visto nuestros ojos la tierra de nuestros ensueños.
Al ver nuestro contento, podría suponerse que es la bendita tierra prometida de la cual manaban ríos de leche y miel y… es todo lo contrario.
Sabemos que nos aguarda todo género de privaciones, contrariedades, quizá persecuciones y la misma muerte, sin embargo el entusiasmo crece a proporción inversa de la distancia que nos separa del bendito campo de nuestra acción misionera. Ya casi no sentimos las privaciones y molestias que nos rodean, no nos fijamos en ello.

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